lunes, 17 de octubre de 2011

Adagio_005



El miedo ayuda a sobrevivir. Si quieres vivir, destiérralo.

©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía Señor Bohnke (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

10 comentarios:

  1. Y si no sobrevivo y mejor... vivo?

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  2. Ya, pero soy de la generación del "coco".

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  3. El miedo es un sordo palpitar, nuestro compañero de viaje en noches y días, algo tan necesario como el oxigeno o el agua. Se puede morir de miedo pero no vivir sin él. Morir es dejar de tener miedo.
    Silbando en la oscuridad. Capítulo 20. Página 179 (en la tercera edición, 213 en las anteriores)
    El miedo es necesario y muchas veces nos ayuda a seguir vivos, el cementerio está lleno de valientes.
    Y Coco era el de Barrio Sésamo, ya sabes, arriba, abajo, alrededor...

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  4. Pero tener miedo también es morir un poco...

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  5. A mí me pasó algo cuando tenía 16 años, algo muy grave que me impidió salir a la calle con normalidad. A partir de ese día el terror y el miedo se adueñó de mi espíritu y desde entonces nunca más me he librado de ello.
    Esta frase, esta sentencia -porque no es otra cosa- es completamente cierta, Javier. No se puede vivir así, cada día que llegas a tu casa y te acuestas en tu cama tienes la sensación de haber sobrevivido a un algo desconocido que te amarga la vida... por siempre jamás.
    Besos miles, amigo.

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  6. En esta ocasión te declaras usuaria del miedo en primera persona y sin concesiones, Lola, y me haces pensar con tu testimonio en lo mal que me hubiera sentido de haber publicado esa "sentencia" en un tono más frívolo y después hubiera leído tus palabras.

    Es terrible lo que se le puede llegar a hacer a una persona en un instante, en lo que dura un chasquido de dedos, y es terriblemente entendible ese miedo posterior, pero sin duda hay que arrancarlo de raíz. Por supuesto que no es fácil, y que hay que buscar todos los medios que estén al alcance de uno para lograrlo, pero es absolutamente necesario cambiar la supervivencia por la vida, sobre todo cuando hay cachorros a los que hacer fuertes ante el miedo.

    He dicho las palabras que supongo que debía decir, pero en esta ocasión no sé si me las creo demasiado, porque me has dejado bastante tocado con tu comentario.

    Beso.

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  7. Tranquilo, Javier... parece que siempre cuelo el comentario que deja mal sabor de boca, pero en tu blog me siento como si estuviera sentada en un sillón a tu lado, conversando mientras tomamos una cervecilla.
    Sí, en mi vida me han pasado cosas muy gordas. Muy gordas, Javier y uno se puede ir a lo que le lleve la imaginación. Aprendí a vivir con miedo, cierto. No lo he superado... no tuve los medios para hacerlo, sólo he adoptado las medidas para que la angustia no me haga... como llamarlo, perder los papeles; pero el miedo está ahí, escondido bajo mi piel, agazapado. A mis hijos no les transmito mis temores, eso es un esfuerzo constante. Creo que, por ahora, lo he logrado y viven con esa confianza inocente pero precavida necesaria para llevar una vida... normal.
    Besos miles

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  8. Veo, por lo que sé de ti, que eres una persona cincelada a base de golpes y eso, aunque doloroso en su momento, no es necesariamente malo (soy consciente de que esto es más fácil de decir que de padecer), porque así fue creado el David de Miguel Ángel, por ejemplo, y hoy es una de las obras más admiradas de la historia de la humanidad.

    No quiero profundizar en el tema que has esbozado, creo que sobran todas las palabras, pero quiero rendirte admiración una vez más por ser capaz de hablarlo de forma tan espontánea y natural, sin hacer bandera de ello y, aunque el miedo te siga acompañando, ser capaz de no transmitirlo.

    En cuanto a esa cervecilla, brindo porque algún día se haga realidad.

    Beso.

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