domingo, 18 de noviembre de 2012

Soledad, divino tesoro




Siento —percibo, no lamento— que he llegado al final, y no me duele haber de morir, como tampoco me ha dolido la vida.

Una vida extraña, según algunos; de soledad, para otros. He escuchado cosas sobre mí que nada tienen que ver conmigo, y es que, claro, no se puede vivir solo sin que la gente murmure, juzgue y condene. No, no os preocupéis, nunca me han herido sus palabras porque no me han importado, impermeable como soy al resto de la humanidad.

Ellos, la humanidad, se refieren a sí mismos como seres sociales, cuando solo son gregarios —¿es, acaso, sociedad un rebaño?—. Son masa que fagocita al individuo, y si logra escapar lo desprecian, lo señalan, creen que lo excluyen, o tal vez necesitan creerlo. Y porque viven en soledad compartida se creen menos solos que yo, que elegí la soledad absoluta para la vida y la soledad eterna para la muerte. Ilusos, ellos sí que están solos aunque se sientan acompañados, solos en una soledad servil trufada de peajes, obligaciones, compromisos, esclavitudes... 

No es dañina la soledad, sino el tiempo vacío, no saber cómo llenarlo, de qué llenarlo... no saber vivirlo. Ni hay perversidad en el hecho meditado, escogido, de querer vivir incontaminado de hipocresía, aislado de convenciones, libre de lastres sociales.

No estoy solo, estoy conmigo, y el contacto con los demás no hace sino acrecentar mi deseo de evitarlos. Ni bastan cinco dedos para formar una mano, ni un puñado de soledades es compañía.

No formo parte de nada, apenas soy nada, y así quiero seguir. 

©texto, JAVIER VALLS BORJA
noviembre 2012
©fotografía Guillermo Salinas (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

Este texto ha sido escrito para el concurso organizado por Jaime Gonzalo Cordero en su blog, Pauta ancha, habiendo quedado en segundo lugar.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Historia de un exhibicionista




Estuve nervioso, intratable toda la semana, deseando y temiendo a un tiempo el comienzo de la terapia. Necesitaba salir de la vorágine en la que me hallaba inmerso, normalizar mi vida, volver a ser respetable, formal, y sabía que no podía hacerlo solo.

Había tomado las medidas oportunas, pero llegado el momento no pude continuar con aquello; todo había sido en vano. El bloqueo que sufrí me dejó sin habla, sumido en una vergonzante pérdida del control de esfínteres con la consiguiente humillación. Tal vez hubiera sido mejor acudir a una de esas reuniones con gente que no conoces, en las que dices "hola, soy fulanito, y soy un obseso", y ellos te contestan a coro "hola, fulanito".

Mi perversión, al menos la que pretendía que me tratasen en ese momento, consistía en exhibirme desnudo ante mi vecina de enfrente, y me excitaba sobremanera que ella se me quedara mirando con curiosidad. Jamás me hizo un desaire, ni se dio la vuelta con aire ofendido, ni bajó las persianas para no verme. Antes al contrario, con el paso de los días, parecía esperar el momento en que yo llegaba a casa y empezaba mis maniobras exhibicionistas. Era un público entregado.

Yo procuraba tener todas las cortinas descorridas, y me paseaba por delante de las ventanas con las luces encendidas, para que se me viera bien. Unas veces la obsequiaba con el número del molinillo, que se me daba cada vez mejor; otras, hacía el pino para mostrarle nuevas perspectivas. Cuando ella miraba en mi dirección, yo me acariciaba y le devolvía miradas lascivas mientras realizaba gestos obscenos. Un día, vi que se había comprado un telescopio y seguía con él mis desnudas evoluciones. Eso me excitó todavía más, ¡me estaba convirtiendo en objeto de deseo!, pero después empezó a tomar notas, a hacerme fotografías y a grabarme en vídeo. Aquello supuso para mí un jarro de agua fría, la pérdida total de la excitación. Dejó de ser divertido.

Fue entonces cuando pensé que había llegado demasiado lejos y que tenía que poner remedio. No me atreví a hablarlo con mis amigos, no quería que dejaran de serlo, así que busqué en la guía médica y pedí hora. Finalmente, cuando entré en la consulta, reconocí en la sexóloga a mi vecina de enfrente.

©texto JAVIER VALLS BORJA
junio 2009 - noviembre 2012
©fotografía Manel (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

martes, 30 de octubre de 2012

El fiasco




Seguro que me ha preparado una fiesta sorpresa, y no me apetece nada de nada. Si por mí fuera, nos pedíamos la cena en el chino y nos lo montábamos allí mismo, en el sofá, que ahora mismo estará lleno de gente a la que no quiero ver. Estoy por no ir a casa y darle plantón, a ver si aprende, porque ella sabe que no me gustan esas fiestas, pero insiste, insiste una y otra vez en organizármelas.

Siempre es lo mismo, abro la puerta y allí están todos: "¡Sorpresa!", gritan, como si yo me sorprendiera por ello, y los demás se divirtieran haciéndolo.

Sus insulsas amigas con sus insulsos regalos, sus insulsos peinados, sus insulsos novios, con los que nunca sé de qué hablar... Sus padres, tan estirados y tan fuera de lugar, tan sus padres, con quienes no logro entablar conversación por más que lo intento. Una chica de gafas que no sé quién es, pero que siempre está y que tampoco habla. Y mis amigos, menos mal. 

Me emborracho rápido, y la fiesta acaba con saldo negativo a mi favor ante sus amigas las insulsas, sus novios a juego, sus padres los estirados y la chica de gafas que no sé quién es. Mis amigos me siguen queriendo porque están tan borrachos como yo.

Sí, siempre es lo mismo: ahora abriré la puerta y... no hay nadie. ¿Hola? Enciendo luces, busco por las habitaciones... ¿Hola? Nadie. Tampoco ella está. Vaya sorpresa.

©texto JAVIER VALLS BORJA
octubre 2012
©fotografía Von Aisader (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

jueves, 25 de octubre de 2012

El tálamo seco





EL TÁLAMO SECO, obra en un acto (de contrición)

ESCENA:
Una habitación.

ATREZZO:
Una cama.

DRAMATIS PERSONÆ:
Cuerpo 1
Cuerpo 2

ACTO PRIMERO (y único).
ESCENA PRIMERA (y final).

Una habitación triste con una cama marchita.

Dos cuerpos inertes, como sin vida, las conciencias insomnes, reposan en una cama que fue terreno abonado para el amor, y hoy es un medio estéril, lugar de desencuentro, donde ya nada es como era, donde ya nada es lo que era.

Una habitación que ya no es refugio, con una cama que no es más que un mueble, en la que ya no se declara la guerra ni se firma la paz, donde no anida el deseo, donde ni siquiera ya se habla, ni se ríe, donde se llora en silencio, de espaldas, y se piensa en un futuro que no lo es.

DIÁLOGOS:

Cuerpo 1.




Cuerpo 2.





TELÓN.

©texto JAVIER VALLS BORJA
octubre 2012
©fotografía Orleans_ (fuente flickr), ublicda bajo una licencia Creative Commons

jueves, 18 de octubre de 2012

El último desayuno



Con esa exactitud tan característica de la ciencia, la tostada cayó del lado de la mermelada, circunstancia que rápidamente aprovechó Toby para comérsela ruidosamente y llenarlo todo de migas que quedaron pegadas a la costosísima alfombra, mientras yo intentaba apartarlo haciendo aspavientos, todavía cuchillo en mano, que dieron como resultado el vertido del contenido de la cafetera sobre el mantel favorito de mi mujer, regalo de su madre, y al levantarme de golpe, empujé la silla con tanta fuerza que cayó sobre la vitrina, rompiendo los cristales de las puertas y buena parte de la vajilla de Limoges. A continuación, hice las maletas y salí discretamente de casa.

©JAVIER VALLS BORJA
octubre 2012
relato escrito (y no seleccionado) para el concurso "Relatos en Cadena", de la Cadena SER
©fotografía Mr.Antiheroe (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

miércoles, 17 de octubre de 2012

Desayuno sin diamantes



Este microrrelato, versión en castellano del original escrito en catalán (se puede leer más abajo), quedó finalista del "I Premi de microrelats La Nau", del Centre Cultural La Nau de Castelló, en abril del 2009.

Hoy tengo ganas de llorar, y no sé muy bien por qué. No es por la regla, no la tengo, ya no me baja. Analizo, introspecciono… Puede que haya visto demasiadas películas neoyorquinas y piense que con el psicoanálisis se puede solucionar todo. Repaso acontecimientos.

El despertador ha sonado a las cinco. He desayunado un zumo de pomelo y un café negro, sin azúcar. Después me he cepillado los dientes hasta hacerme sangrar las encías y me he duchado con agua fría. Se me va la vida cada vez que lo hago. Me he frotado el cuerpo con una esponja rasposa hasta dejarme la piel roja y reluciente como la de una cereza; pero ya hace tiempo que no está tan tersa como la de las cerezas: Crema hidratante, secador, maquillaje, pero que parezca que no voy maquillada, perfume, como si hubiera de enamorar a alguien, como si pudiera enamorar a alguien. Pido un taxi que llega con retraso. Doy la dirección del gimnasio. El taxista inicia una charlra insustancial. Yo me pongo el periódico delante para abortar cualquier conato de conversación. En el gimnasio, me mortifico con las máquinas y con la música hortera que sale a raudales por los altavoces. Masaje. Rayos UVA. Otra ducha fría. Con cepillo. Crema hidratante. Más secador. Más maquillaje, pero que parezca que no voy maquillada.

Llego a los juzgados. Antes, los ordenanzas me miraban al pasar, ahora es como si no les pasara nadie por delante. Café negro, sin azúcar. Enciendo el ordenador y reviso las pilas de expedientes que no menguan: informes, declaraciones, denuncias, peritajes, sumarios, sentencias… I después, a la sala.

Hoy he desalojado de su casa a dos familias y le he quitado el hijo a otra. He comido sola, ensalada sin aceite y café solo, sin azúcar. Siempre como sola, ensalada sin aceite y café negro, sin azúcar. Después, me he cepillado los dientes hasta hacerme sangrar las encías. Intento redibujarme las facciones que este rostro de vieja ha devorado. De nuevo en el despacho, me he sumergido en el mar de relaciones, antecedentes, trámites, instrucciones, procedimientos…

Pido un taxi. Doy la dirección del centro de belleza. Depilación, tonificación, peeling. Mañana, peluquería, y pasado mañana, blanqueamiento dental. Pido un taxi. El taxista ni saluda. Le doy la dirección de mi casa y me pido la cena por teléfono: ensalada de algas y sushi vegetariano. ¿Qué cuántas raciones? Una, sólo una.

Llego a casa, una casa limpia, ordenada...

...vacía…

Hoy tengo ganas de llorar, y no sé muy bien por qué.



Desdejuni sense diamants

Aquest microrelat va estar finalista del I Premi de microrelats La Nau, del Centre Cultural La Nau de Castelló, a l'abril del 2009.

Hui tinc ganes de plorar, i no sé ben bé per què. No és per la regla, no la tinc, ja no em ve. Analitze, introspeccione... Potser he vist massa pel•lícules novaiorqueses i pense que la psicoanàlisi ho soluciona tot. Repasse esdeveniments.

El despertador ha sonat a les cinc. M'he desdejunat amb un suc de pomelo i un café negre, sense sucre. Després m'he raspallat les dents fins a fer-me sagnar les genives i m'he dutxat amb aigua freda. Se'm va la vida cada vegada que ho faig. M'he refregat el cos amb una esponja rasposa fins a deixar-me la pell roja i lluent com la d'una cirera, però ja fa temps que no està tan tibant, com la de les cireres. Crema hidratant, assecador, maquillatge, però que parega que no hi vaig maquillada, perfum, com si haguera d'enamorar algú, com si poguera enamorar algú. Demane un taxi. Done l'adreça del gimnàs. El taxista inicia una xerradissa insubstancial. Jo em pose el periòdic davant per a avortar qualsevol conat de conversa. Al gimnàs em mortifique amb les màquines i la música xarona que ix a doll pels altaveus. Massatge. Raig UVA. Una altra dutxa freda. Amb raspall. Crema hidratant. Assecador. Maquillatge, però que parega que no hi vaig maquillada.

Arribe als jutjats. Abans, els ordenances em miraven al passar, ara és com si no els hi passés ningú pel davant. Café negre, sense sucre. Engegue l'ordinador i revise les piles d'expedients que no minven: informes, declaracions, denúncies, peritatges, sumaris, sentències... I després, a la sala.

He fet fora de sa casa dues famílies i li he llevat el fill a una altra. He dinat sola, ensalada sense oli i café negre, sense sucre. Sempre dine sola, ensalada sense oli i café negre, sense sucre. En acabant, m'he raspallat les dents fins a fer-me sagnar les genives. Intente redibuixar-me les faccions que aquest rostre de vella ha devorat. De nou al despatx, m'he capbussat en la mar de relacions, antecedents, tràmits, instruccions, procediments...

Demane un taxi. Done l'adreça del centre de bellesa. Depilació, tonificació, píling. Demà, perruqueria i despús-demà, emblanquiment dental. Demane un taxi. El taxista ni saluda. Li done l'adreça de casa i mentre, em demane el sopar per telèfon: ensalada d'algues i sushi vegetarià. Que quantes racions? Una, només una. Arribe a casa, una casa neta, ordenada, buida...

Hui tinc ganes de plorar, i no sé ben bé per què.


©texto JAVIER VALLS BORJA
marzo 2009
©fotografía ruurmo (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

El juego




Con esa exactitud tan característica de la ciencia, como siempre, me hizo ver que estaba equivocada.

Una vez más.

Pero era la última, porque yo tenía un plan.

Le propuse que dejara de ser tan analítico por un momento, que se dejara hacer sin preguntar por qué. Íbamos a jugar a un juego en el que yo estaba segura de ganar. Él sonrió, escéptico, y aceptó el reto.

Se dejó atar de pies y manos a la cama de hierro. Le pregunté si creía que se podría desatar formulando ecuaciones y silogismos, y me respondió negativamente.

Salí de la casa sin dar un portazo, con una sonrisa triunfal.

©JAVIER VALLS BORJA
octubre 2012
relato escrito (y no seleccionado) para el concurso "Relatos en Cadena", de la Cadena SER
©fotografía Kris Ursachi (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

lunes, 1 de octubre de 2012

Souvenir




Hotel Britannia, París. Junio de 2009, no importa qué día.

Llueve de un modo intermitente, no mucho, pero lo suficiente para fastidiar cualquiera de los planes previstos. Hay que joderse, venir a París, para esto.

Me debato entre salir o quedarme en el hotel, escribiendo unas postales que reproducen lugares que no he visitado, pero la habitación no invita a quedarse en ella durante el día. Me asomo a mi ventana del primer piso con los ojos puestos en el cielo, e intento decidir entre ir al Marché aux Puces de Saint-Ouen, o bien al Musée d'Orsay, para estar a cubierto. Hum... ha dejado de llover, creo que me arriesgaré con el Mercado de las Pulgas.

Antes de cerrar la ventana bajo la vista, y la calle Amsterdam, palpitante de idas y venidas, me abofetea con una imagen que al principio me deja paralizado, pero reacciono y tomo la cámara que compré —¡qué paradoja!— para inmortalizar momentos felices. Disparo y me encuentro con un souvenir impensado, de los que no se pueden desechar aunque se quiera porque se quedan agarrados al alma, sea eso lo que sea.

No compro nada en el mercado, apenas si he prestado atención a los puestos, y me como una baguette sentado en un banco. Mientras tanto, reflexiono sobre la escena que he fotografiado por la mañana, sin hacer juicios de valor que de nada servirían, y pensando en la vida y sus sucedáneos. Me asaltan las dudas a la hora de titular la fotografía, y delibero conmigo mismo sobre las dos opciones que se me han ocurrido: "La guerra de los mundos", o "Mundos paralelos". Me inclino por la segunda, convencido de que ambos bandos no se encontrarán jamás, pero encuentro el argumento lapidario y rimbombante y la dejo intitulada.

Llueve de nuevo y corro hacia el metro.

©texto JAVIER VALLS BORJA
septiembre 2012
©fotografía JAIME GONZALO CORDERO


Este texto ha sido escrito ex profeso para acompañar a la fotografía de Jaime Gonzalo Cordero, el cual propuso a un puñado de amigos un concurso de textos basados en ella. Mi intención al escribirlo es que texto y fotografía sean uno, y es por ello que el escrito por sí solo no se entiende sin haber prestado atención a la instantánea. Y ya que estamos, amigos, os recomiendo encarecidamente la lectura asidua del blog Pauta ancha, escrito por el autor de la fotografía, por ser uno de los lugares en los que podréis disfrutar de nuestro idioma en toda su pureza.

viernes, 28 de septiembre de 2012

A vueltas con la vida



Hasta chocarse contra una pila de maderos no paró, y allí se quedó, ladeada, inmóvil, cubierta de suciedad y abandonada para siempre. Era su sino; toda su vida había estado dando vueltas y tumbos, saltando alocadamente, sin mirar por dónde ni pensar en nada más que en esa vorágine para la que había nacido. Pasaba de mano en mano, bailaba para cualquiera que le hiciera un poco de caso, girando locamente, pero solo era una diversión momentánea, fácilmente olvidable. Al final, junto con los maderos donde acabaron sus correrías, la peonza, mugrienta y mellada por el uso y el paso de los años, acabó alimentando el fuego.

©texto JAVIER VALLS BORJA
septiembre 2012
©fotografía carlosrura (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

domingo, 26 de agosto de 2012

Un largo y cálido verano




Hace calor.

Son las fiestas del barrio, y no puedo dormir por el calor, por el barullo, por la alegría ajena.

Maldito calor. Maldita alegría.

La música de la verbena se cuela por las ventanas, por las rendijas, por los poros de mi piel.

Suena un pasodoble nostálgico que me transporta a tiempos no vividos, a recuerdos imposibles y, aún así, me pone melancólico, triste, y me deja un cierto sabor a fracaso.

Malditos recuerdos. Maldito fracaso.

Recuerdo una foto en blanco y negro de mis padres bailando un pasodoble en una verbena de verano, como la que suena esta noche, pero en el puerto, con el salitre pegándose a la piel y el olor a mar como perfume. Los recuerdo enamorados, ilusionados, con alegría de vivir. Se miran a los ojos como si no hubiera nada más que mirar, y sonríen por lo que ven en la mirada del otro.

Los envidio. Los adoro.

©texto JAVIER VALLS BORJA
agosto 2012
fotografía propiedad de la familia

martes, 17 de julio de 2012

Adagio_015



La clase política carece de clase.

©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía renatomoll (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

lunes, 9 de julio de 2012

Pre-juicio




Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro, dijo el poeta...

Quemé el libro, talé el árbol, maté al hijo...

...

¿Y tú, por qué me juzgas, sin conocer mis motivos?

©texto JAVIER VALLS BORJA
julio 2012
©fotografía cygenta (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

miércoles, 4 de julio de 2012

Adagio_014



El mal gusto ajeno es todo aquel que no coincide con el propio.

©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía aels27 (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

viernes, 29 de junio de 2012

Adagio_013



La derecha, ese mal innecesario.

©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía alfonso benayas (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

jueves, 28 de junio de 2012

El pañuelo azul




Un hospital.

Una sala de espera.

La gente mira al techo, al suelo, a cualquier parte excepto a los ojos de las personas que se sientan enfrente.

Es viernes, pero ¿qué más da?

El local está atestado, no queda un solo asiento libre, ni un soplo de aire fresco. La mayor parte de los pacientes que esperan su sesión de radioterapia son ancianos, excepto una mujer de mediana edad que cubre su cabeza con un pañuelo anudado con bastante gracia.

La mujer no tiene cejas ni pestañas.

Las enfermeras van llamando a los pacientes con voz monótona, como si fueran incapaces de sentir cualquier emoción durante su jornada de trabajo. Solo sonríe la del mostrador, la que pasa con soltura las tarjetas de crédito por los terminales bancarios.

La conversación es la de siempre, que si las terapias van con retraso, que si hace calor aquí dentro, que si fulanita ya no viene.

Y silencio otra vez.

Hace calor, aquí dentro.

El olor es desagradable, el aire apesta a duchas escasas, a sudor mal disimulado con colonias baratas y masaje para después del afeitado, a caramelos de eucalipto que no logran encubrir los alientos pútridos, las malas digestiones... Por momentos, el abajo firmante se ahoga.

Suena un teléfono móvil y la propietaria contesta a gritos, con voz de fumadora. La mujer del pañuelo no habla con nadie; está pensativa, diría que triste,.

Hace calor, demasiado.

Al fondo se oye la televisión. Una señora comenta algo sobre el programa y el marido le ordena silencio. Ella se calla y se queda mirando al suelo, mientras el resto de la gente enmudece y soporta la situación lo mejor que puede, mirando al techo, al suelo, a cualquier parte excepto a los ojos de las personas que se sientan enfrente. Una enfermera llama a alguien y el afortunado huye de allí a la carrera, aliviado por salir de escena. Los demás continúan allí, mirándose las uñas, rebuscando en el bolso cosas que saben que no llevan, hojeando un periódico ajado encontrado en la mesa del rincón.

Hace calor, aquí dentro.

Hoy es viernes, ya se ha dicho, pero ¿qué más da?. El personal empieza a salir, con la alegría del fin de semana intacto por delante, despidiéndose hasta el próximo lunes en que volverán a encontrarse con cara de perro. Muchos de ellos están irreconocibles sin su bata blanca ni su máscara profesional.

A la señora del pañuelo en la cabeza se le escapa una lágrima silenciosa, lenta...

El abajo firmante baja la vista y se compadece de ella.

El pañuelo es azul.

©texto JAVIER VALLS BORJA
mayo 2010 - junio 2012
©fotografía Esparta (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

viernes, 22 de junio de 2012

Diccionagrio: constitución


constitución.

(Del lat. constitutĭo, -ōnis).

1. f. Listado de derechos y obligaciones (en la práctica, obligaciones) establecido como Ley fundamental de un Estado, para hacer creer a la población que vive en una democracia.

©texto JAVIER VALLS BORJA
junio 2012

martes, 19 de junio de 2012

Anuncios por palabras_008



Se traspasa funeraria, por defunción.

©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía militancia afectiva (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

lunes, 18 de junio de 2012

Diccionagrio: rey


rey.

     (Del lat. rex, regis).
1. m. Ente endoparásito de un país, en modo depredador. Se reproduce de forma alarmante y consume vastos recursos del organismo hospedador, del cual sale en ocasiones para fagotizar elefantes, osos u otros animales salvajes. De bragueta floja, suele aparearse con hembras humanas de lujo. Una sola cepa es capaz de aniquilar totalmente a su huésped.

Había una vez...




Había una vez un reino que no tenía hermosas princesas, ni príncipes valerosos, ni hadas buenas, ni castillos encantados.

En aquel gran país, gobernado por hombres pequeños, feos, miserables..., abundaban dragones y brujas, prestamistas usureros, duques traidores, y bufones que tenían un lugar preeminente en la(s) corte(s).

Los mezquinos virreyes, sedientos de oro y poder, robaban a los pobres para dárselo a los ricos, se comían el pan de sus hijos, les quitaban sus casas, su dinero, su alegría, y hasta vendieron el reino a los bárbaros del norte.

El rey mataba animales salvajes y cazaba mujeres de lujo, mientras la reina asistía a conciertos, con un ramillete de flores como única compañía. Las hijas decían que trabajaban, pero siempre se las podía ver en los toros, en la hípica, en las regatas... El joven príncipe ya no era una promesa, ni una esperanza para el reino, ni siquiera era ya joven.

Los jueces malos juzgaban a los jueces buenos y la guardia apaleaba a los niños. El recaudador de impuestos tenía un hambre voraz.

No había magia, no había risas, no había pan.

Y llegó un día en que la plebe alzó su voz y dijo ¡basta! Los soldados del reino intentaron amordazar sus bocas, pero ellos gritaban tan fuerte que se les oyó en todo el mundo conocido. Los gobernadores decían de ellos que eran malos, pero nadie les creyó. La guerra fue larga y desigual, arcos y flechas contra ideas y esperanza, garrotes contra libros, pero al fin triunfaron la razón y la verdad.

El rey y la reina tuvieron que buscar caza y música en otros reinos, los virreyes y gobernadores huyeron con sus cofres repletos de tesoros, y los plebeyos quedaron como dueños absolutos de su reino, que ya no lo era.

Y colorín colorado, este sueño ha terminado.

©texto JAVIER VALLS BORJA
junio 2012
©fotografía CescoMad (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

sábado, 16 de junio de 2012

Diccionagrio: AMOR


amor.

     (Del lat. amor, -ōris).

     1. m. Supuesto que suele acabar en matrimonio, el cual, a su vez, suele acabar con el primero.

©texto JAVIER VALLS BORJA
junio 2012

jueves, 14 de junio de 2012

Quizás, quizás, quizás




El viaje de vuelta fue tenso, el aire del interior del vehículo estaba cargado de reproches no formulados, las mandíbulas de ambos apretadas hasta el dolor, las manos crispadas —ella clavándose las uñas en las palmas—, los labios comprimidos para no dar pábulo a la curiosidad del taxista. Ambos iban sentados lo más separados que les permitía lo reducido del habitáculo, mirando cada uno por la ventanilla de su lado. Él se había pasado y ella no había sabido manejar la situación. Abandonaron la fiesta ante el estupor de sus amigos, que asistieron atónitos al espectáculo.

Él fumaba, ignorando el cartel que lo prohibía; también el conductor encendió un cigarrillo, para aliviar la tensión que percibía en su nuca como algo físico. Ella lloraba en silencio e intentaba vislumbrar el rostro de él a través del reflejo del cristal. La ciudad pasaba de largo, pero ellos ni siquiera la veían. En la radio sonaba un tango triste; o tal vez fuera un bolero, quizás, quizás, quizás...

Ella buscó algo en su bolso, sin éxito. Lo cerró bruscamente, tirándolo a un lado y, cuando levantó de nuevo la vista, se encontró con el pañuelo que él le estaba ofreciendo. Tuvo el impulso de rechazarlo, mas al fin alargó la mano y lo aceptó. En él quedaron sus lágrimas teñidas de rimmel, pero no quiso sonarse la nariz por no parecer poco elegante. Se lo devolvió con un tímido, casi inaudible “gracias”, entrecortado por los sollozos, y él le rozó la mano al cogerlo.

Llovía en la noche y las gomas de los limpiaparabrisas rechinaban rítmicamente. Las luces se distorsionaban a través de los miles de gotas que salpicaban los cristales y de sus propias lágrimas. Aquello era el fin.

Ella pensaba, obsesivamente: “Después de esta noche, ¿qué hago si me llama? ¿y si no me vuelve a llamar?”

Él, ya más relajado, se deleitaba anticipadamente: "Los mejores polvos son los de la reconciliación..."



©texto Javier Valls Borja
octubre 2009 (revisado junio 2012)

©fotografía Brero (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

martes, 12 de junio de 2012

Vida de perros




Se casó para que le calentaran la cama.
Tuvo hijos para que le cuidaran en su vejez.
Siempre odió al perro de la familia.
Su mujer le abandonó.
Sus hijos lo olvidaron.
El perro fue el único que se quedó junto a él.

©texto JAVIER VALLS BORJA
junio 2012
©fotografía jlmaral (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

lunes, 7 de mayo de 2012

Confesiones de la Vida a un recién nacido



Seré breve.

©texto JAVIER VALLS BORJA
mayo 2012
©fotografía Omar Omar (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

sábado, 31 de marzo de 2012

Una sonrisa de fiesta mayor




Veo a Pío a través del cristal y sonrío; sonrío con una sonrisa amplia, desde dentro. Pío es el petirrojo que vuelve a casa cada otoño. Lo echaré de menos cuando viva lejos de aquí, de esta casa en la que he sido feliz, en la que se han forjado algunos de mis proyectos, la que ha visto cumplirse alguno de mis sueños.

La que ha visto frustrarse otros.

Pío se posa en los zumaques de octubre y su pecho encendido se funde con las hojas moribundas y hermosas, espléndidas en su muerte. Es diminuto, bello, de patitas de alambre, y ojos grandes, negros, como de mujer española. Cuando salgo, me acompaña por todo el jardín, observando lo que hago; es curioso como una vecina cotilla, de esas que necesitan de otras vidas para alimentar la suya propia, y me resulta chocante pensar en él como animal salvaje. 

Pío va y viene, envuelto en su aleteo silencioso y su trino bello, extraño, que se oye como lejano aunque esté sólo a un par de metros, ya digo que es extraño. Y bello.

Por las mañanas lo saludo con un suave ¡buenos días, Pío!, para no asustarlo, y él me observa ladeando la cabeza. A veces, cuando estoy quieto durante mucho tiempo, toma confianza y se va acercando cada vez más, osado o temerario, qué sé yo; no debería confiarse con los humanos. Observa mi labor con interés, como si quisiera aprenderla, y si lo miro de frente se aleja, alarmado por mi descaro. No dura mucho su inquietud y vuelve a acortar distancias.

Hay veces en que le pongo unas pasas, unas semillas, unos granos de avena machacada, pero casi siempre se lo roban las urracas y los gorriones. De todos modos, él prefiere hurgar en la tierra recién trabajada.

Lo echaré de menos, sí.

©texto JAVIER VALLS BORJA
octubre 2007 - marzo 2012
©fotografía juan_e (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

jueves, 29 de marzo de 2012

Mesa para dos




Se ha puesto el vestido negro, el del escote en la espalda —es el que mejor le sienta—, y la nueva culotte de encaje, también negra, que es de escándalo: el pecado hecho lencería. Se ha peinado y maquillado en la peluquería, y cuando la manicura le ha preguntado si tenía una cita, ha sonreído enigmáticamente. Canturrea la sintonía de su programa mientras da los últimos toques a la cena. Leyó en algún sitio que él siente verdadera pasión por los percebes y, aunque a ella no le gustan, compró los mejores del mercado y comerá los que sea necesario. La mesa está dispuesta con flores frescas, velas perfumadas y servilletas de hilo. A las diez en punto conectará la radio y se le erizará el vello de la nuca al oír la voz amada. Sirve el vino y brinda con la fotografía descargada de Internet. Cuando él susurre ese "Buenas noches" de locutor nocturno, con esa voz que la trastorna, creerá que se lo está diciendo a ella.

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía Destino Paralelos! (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

sábado, 17 de marzo de 2012

La estrella de la radio




La conoció en la radio, como a la mayoría de personas que vale la pena conocer. Lo enamoró su voz, rica en matices, sonora, dulce, fuerte en los énfasis. 

La oyó y supo que era la mujer de su vida. 

Hizo todo lo posible por hacer recíproca su pasión: llamadas cada día, con la excusa más tonta, mensajes por correo electrónico, sms, flores... 

Nada. 

Hasta aquel día en que coincidieron en el vestíbulo de la emisora, mientras sonaba el programa de la periodista estrella de la cadena y él dijo:

—Mereceríais estar tú al micrófono y ella en tu centralita. 

Lo miró, enamorada.

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía santibon (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

jueves, 1 de marzo de 2012

Las mil y una noches




Mil y una noches, y mil y un días, los que hace que vio la luz este pequeño blog. Mil y una noches, y mil y un días, durante los cuales ha recibido más de 20.000 visitas de diversas partes del mundo. Algunas de esas visitas habrán llegado aquí por casualidad, o por esos azares de Internet que te llevan a los sitios más insospechados, pero muchos de vosotros habéis entrado una y otra vez, consciente y premeditadamente, sois reincidentes, y tenéis toda mi gratitud por ello. 

Así pues, me comprometo con vosotros para las próximas mil y una noches (y mil y un días), aunque no siempre pueda subir contenidos con la regularidad que quisiera, pues todos tenemos una vida paralela, al margen de la "vidilla" que nos da la Red, que consume más tiempo del que nos gustaría. Seguiré, cómo no, escribiendo para vosotros, y no importa que no dejéis comentarios, lo importante es que estéis ahí.

Gracias.

Javier Valls Borja

domingo, 26 de febrero de 2012

convoy89: Vagón 88. La pantera rosa



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¿Orient Express? ¿Ha dicho Orient Express?

El pianista asiente como si hubiera formulado la pregunta en voz alta. Este tío está pirado, aunque la opción B es que lo esté yo. Ahora se ha puesto a tocar la sintonía de La Pantera Rosa y se ríe abiertamente, creo que de mí.

tarán tarán...

Lo miro y me sostiene la mirada con descaro, los ojos achicados por la risa.

...tarán...

¿Qué hago yo en el Orient Express?

...tarán tarán tarán...

Nuevamente, parece haber leído mi pensamiento y me señala la ventana con un gesto de su cabeza, adelantando el mentón y sacudiendo de paso su cabellera blanca.

...tarán tarán...

Miro a través del cristal para observar la totalidad del convoy, aprovechando una curva del trazado, y veo un caos tan grande como el que bulle en mi cabeza. No es el Orient Express; el tren está formado por infinidad de vagones de la más distinta factura, desde furgones de TALGO o de AVE, hasta mercancías y cercanías, mezclados sin orden ni concierto. El mío, un lujosísimo Pullman, es el vagón de cola, el último, porque no se ve ningún otro a través de la puerta trasera.

Un nuevo carraspeo de los altavoces y la voz —esa voz que inevitablemente ha de pertenecer a una preciosa mujer— anuncia que acabamos de salir del túnel que hemos estado atravesando durante más de una semana. Rebobino, porque no recuerdo tal túnel, y pregunto en voz alta, más para mí que para nadie:

—¿Túnel?

A lo que la voz sensual de la megafonía contesta:

—Sí, túnel —y se apaga con un nuevo chirrido de los altavoces.

...tararararán...

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía edurecio (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

jueves, 9 de febrero de 2012

Amigos_005




—Hey...
—¿Mmm...?
—¿Tú crees en la justicia?
—¡Anda ya! ¿Estás fumao?
—Que te lo estoy diciendo en serio, tío...
—Y yo, so capullo...

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía publikaccion.es (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

Réquiem por un juez



Este blog está de luto por la justicia española.

lunes, 6 de febrero de 2012

Litebasura




"...He de pensar en lo que hago, pero no quiero pensar más... 
Su recuerdo me ahoga, no respiro, no pienso... 
El aire sólido martillea la piel que no me protege de la vida. 
Transeúntes anónimos miran con indiferencia los recuerdos que brotan de mis ojos en un llanto que se funde con la lluvia. 
La vida seguirá para los otros, tal vez también para ella, daga azul que me clava en un punto de no retorno, cortocircuitada la capacidad de sentir. 
Llueve de mentira sobre la felicidad muerta. 
Llueve de mentira, pero las gotas abrasan como el ácido."

FIN

—¿Qué te parece?
—Una mierda.
—Entonces...
—¿Qué?
—¿No me lo vas a editar?
—¡Claro que sí! ¿Qué tendrá que ver?

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía jorgemejia (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

miércoles, 1 de febrero de 2012

Adagio_012



A los políticos no hay que votarlos, sino botarlos.


©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía olgaberrios (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

convoy89: Vagón 50. El pianista



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Estoy soñando. 

¿Que con qué? 

Con un tren, claro; esta historia va de trenes. 

¿Que qué sueño concretamente? 

Me sueño en un tren (ya lo he dicho) de largo recorrido, directo a ninguna parte.

¿Que si ya está?

No, pero es que el resto es muy raro. Estoy en un tren ¿vale?, y me siento absurdamente envuelto en olor a maderas nobles y perfumes caros, arropado por delicadas notas de piano, sin prisa, sin preocupaciones, ligero de equipaje. Y pienso, fuera del sueño, que debe ser agradable viajar sin estar pendiente de las estaciones, realmente agradable...

Y en el resto se confunden sueño y realidad. Intento dormir un poco más, pero se extinguen las últimas notas de "La vie en rose" y me sobresalto con los acordes de la quinta de Beethoven aporreados con tal fuerza al piano, que me explotan en los sentidos haciéndome consciente de que no es un sueño, de que viajo a bordo de un tren de largo recorrido, envuelto en olor a maderas nobles y perfumes caros...

¿Absurdo?

Pues verás lo que sigue a continuación. Recorro con la vista el espacio que me contiene —sofás de terciopelo, gruesas alfombras de motivos vegetales, lámparas opalinas, flores frescas— y compruebo que lo que creía fruto de mi mente febril es tan real como mi ignorancia de cómo he llegado hasta allí.

Beethoven, tocado como por un simio, sigue masacrando mis oídos, hasta que mis ojos se posan en el origen del engendro sonoro: un piano de media cola, al fondo del vagón, ante el cual se sienta un hombre delgado, de cabellos blancos, que me mira con una cierta socarronería:

—Bienvenido al Orient Express.

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía Feuillu (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

Anuncios por palabras_007



Vendo buzones para publicidad con trituradora de papel incorporada. En breve recibirá nuestro folleto con las tarifas. ¡No olvide mirar en su buzón!

©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía fah-lo-sue (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

lunes, 23 de enero de 2012

Cocodrilos blancos



Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada y el miedo me ha paralizado de nuevo. Las imágenes que cada noche pueblan mis pesadillas se han agolpado en mi mente y ante mis ojos han comenzado a salir docenas de cocodrilos blancos. Es absurdo, esto no es Nueva York; ni siquiera hay alcantarillas en el pueblo, pero soy incapaz de sentarme en la taza. Parado en la puerta del baño, me lo he vuelto a hacer encima. Después, he recordado que mamá siempre la deja subida para que no la manche. Me la voy a cargar.

©texto JAVIER VALLS BORJA
noviembre 2010
©fotografía Xurxo Martínez (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

sábado, 21 de enero de 2012

miércoles, 18 de enero de 2012

Convoy89: Vagón 50. Despertares


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Me despierta un crepitar de altavoces, y una voz femenina que no parece enlatada dice —sensual, como una locutora de radio nocturna—, que en una semana entraremos en un túnel, del que tardaremos una semana en salir. Un nuevo chisporroteo pone fin al comunicado.

Una semana entera en un túnel; una semana más... Pero ahora no quiero pensar en eso, no quiero pensar en nada, se está tan bien aquí. Miro alrededor con una curiosidad lenta, perezosa: no hay nadie más en el vagón; el vagón de un tren al que no recuerdo haber subido. Lejos de inquietarme, me descalzo y me acomodo lo mejor que puedo.

El son suave de un antiguo bolero, al piano, me vuelve a adormecer. El asiento es confortable, huele bien, y se está caliente pese al gélido paisaje que pasa veloz al otro lado de las ventanas.

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía M. Martin Vicente (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

Amigos_004



—Hey...
—¿Mmm?
—¿Tú meas en la ducha?
—Psssíiii... a veces.
—¡Qué cerdo, tío!
—¿Qué pasa? ¿Que tú no lo haces?
—Bueno, alguna que otra vez...
—¿Y tú no eres un cerdo?
—No es lo mismo, tío, yo no lo digo.
—Hay que joderse...

©texto JAVIER VALLS BORJA
©fotografía Melissa Morano B (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

jueves, 5 de enero de 2012

Amigos_003



—A ti, ¿quién te trae los regalos, Papá Noel o los Reyes Magos?
—¿A mí? A mí me los trae siempre el caganer.
—Pues vaya una mierda.
—Bueno..., al menos te tengo a ti.
—Eres un moñas.
—Te quiero, tío.
—Estás borracho.
—¿Tú no?
—Sip.
—Entonces, ¿por qué no me dices que me quieres?
—Te quiero, tío.
—¡Anda ya! Estás borracho.

©texto JAVIER VALLS BORJA
septiembre 2009 - enero 2012

©fotografía Draifet (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

domingo, 1 de enero de 2012

Adagio_011




De cuando la auténtica clase baja es la supuesta clase alta.

©JAVIER VALLS BORJA
©fotografía Antonio Marín Segovia (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons