lunes, 23 de septiembre de 2013

El subsidio



—¿Estudias o trabajas?
—¿Estás intentando ligar conmigo?
—Solo es para el formulario del subsidio...
—¡Qué tontería! Si trabajara no estaría pidiéndote el subsidio, ¿no?
—Vale, estaba intentando ligar.
—Pues aquí tienes mi teléfono, no sé para qué tanto circunloquio. Si salimos a cenar elijo yo el restaurante, pagas tú, y deberías saber que nunca follo en la primera cita. Antes de volver a quedar me gusta que me envíen flores o bombones (si son de supermercado ni te molestes en volver a llamar). También me habrás de enviar varios SMS en los que digas que me deseas como nunca has deseado a nadie. Para la segunda cita te hago creer que eliges tú el restaurante, pero yo te digo que ese no me gusta y escojo uno más caro. Después de cenar y de tomar algunas copas nos vamos a mi casa y tenemos sexo oral. Ni en sueños te quedas a dormir, aunque no está de más que al día siguiente me envíes un regalo caro (no ropa, no perfumes, no bolsos: por eliminación, solo quedan las joyerías). También quiero que me escribas una carta guarra pero elegante, tú verás cómo lo haces. La tercera no puede ser ni en tu casa ni en la mía; elijo yo el hotel, nunca de menos de cinco estrellas ni más cerca de 500 kilómetros. Esa noche me poseerás y te volveré loco de placer, pero me quedaré embarazada porque habré calculado el momento idóneo para ello, y te habrás de hacer cargo de lo que venga o casarte conmigo, en régimen de gananciales y sin contrato prematrimonial, aunque estoy pensando que con tu sueldo de funcionario... ¡Ah! Y nunca pasaré las navidades con tu familia.
—¿Me da su número de la Seguridad Social?

©texto JAVIER VALLS BORJA
septiembre 2013
©fotografía (Lolita)·8 (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

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