lunes, 17 de marzo de 2014

La mar (una apología del Mediterráneo)



Bordean tus orillas ciudades de colores —turquesa, naranja, verde— que se miran en ti cual Narciso enamorado de sí mismo, pero ellas no perecen víctimas de su propia belleza, sino que la acrecientan para seducirte, para que las sigas besando con pasión y les sigas regalando tu influjo, tu magia, tus excesos, tu temperamento. Ciudades mil veces destruidas y vueltas a levantar sobre sus inamovibles cimientos.

No eres un mar; eres el mar.

Mar fenicio, mar de vino, mar de risas, de alegrías, escenario de las más grandes tragedias, fautor de odios enconados, instigador de amores irrenunciables, mar de aceite, mar de fuego, mar de amor. 

De amor.

Y los que te amamos estamos condenados a vociferar eternamente, a llorar por la belleza, a reír con todo el cuerpo, a amar la música y la vida, a sentir más que nadie, a gozar como si cada uno fuera el último día de nuestra vida.

Y estar a tu lado es estar en casa. Eres el hogar. Eres un mar madre. La mar.

Y eres azul, y eres verde, y eres gris en los días terribles de tormenta, y eres blanco cuando rompes en la orilla bañando mi cuerpo, que algún día será tuyo.

Y eres arte. Y parte. Y das vida. Y la quitas.

© del texto JAVIER VALLS BORJA
marzo 2014
© de la fotografía Ppernias (fuente flickr), publicada bajo una licencia Creative Commons

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