CROAC 5/20


© de la fotografía scottmontreal (fuente: flickr)
publicado bajo una licencia Creative Commons


Amanecía cuando entré en casa calado hasta los huesos. No había pegado ojo y estaba hecho polvo. Ni mi cara ni mi carácter pasaban ese día por uno de sus mejores momentos; no obstante, tenía que ponerme en marcha con la rutina diaria. Una ducha muy caliente y un buen desayuno sólo me pusieron las pilas a medias. Me dije, intentando la vía racional, que aquello podía no ser más que una plaga como otra cualquiera, en este caso de ranas, como las había a veces de cucarachas, ratas o piojos.

© del texto JAVIER VALLS BORJA

junio 2006

Cita


© de la fotografía Inma :) (fuente: flickr)
publicado bajo una licencia Creative Commons

En literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay tan sólo temas bien o mal tratados.

JULIO CORTÁZAR

CROAC 4/20


© de la fotografía David Oupakis (fuente: google)
www.davidstoupakis.com

Y entonces lo vi: alrededor de las farolas del paseo marítimo la lluvia era oscura, y dejaba un manto oscuro en el suelo, en la zona iluminada por el feo resplandor de las lámparas de sodio. Oscuro y móvil. Me froté los ojos, y volví a mirar afuera, mas seguía viendo lo mismo. No daba crédito a lo que mi cerebro me decía ver, en contraposición a lo que mi razón se negaba a aceptar. Salí al balcón y me agarré con fuerza a la barandilla, adelantando el cuerpo e intentando enfocar la vista. ¡No, no podía ser! Aquello había de ser una alucinación, un desvarío producido por la falta de sueño... ¡Estaban lloviendo ranas! Yo lo estaba viendo, estaba presenciando, sin ningún género de dudas, lo que siempre había ridiculizado cuando lo oía contar a los mayores. Si siempre me había reído de los crédulos que se tragaban esos cuentos supersticiosos, tachándolos de ignorantes y bobalicones, ¿había de ser yo ahora el objeto de las pullas de los demás? Decidí que no iba a confesar aquello a nadie, pues nadie me iba a creer. Ni siquiera yo tenía muy claro lo que estaba ocurriendo, no sabía si estaba cuerdo o aquello era una jugarreta de mi mente, que hacía que yo lo estuviera viendo y oyendo... oía a las ranas croar, y el croar de las ranas llovidas se unía al de las ranas de las pozas, que cada vez estaban más excitadas.


© del texto JAVIER VALLS BORJA

junio 2006

Cita


© de la fotografía Robert Burdock (fuente: flickr)
publicado bajo una licencia Creative Commons

La enorme multiplicación de libros, de todas las ramas del conocimiento, es uno de los mayores males de nuestra época.


EDGAR ALLAN POE

CROAC 3/20


© de la fotografía QUiNmela (fuente: flickr)
publicado bajo una licencia Creative Commons

Me levanté de la cama, cansado de dar vueltas de forma tan improductiva y, movido por una extraña sensación, me acerqué al balcón intentando atisbar el exterior. Afuera llovía, más bien diluviaba, y los regueros de agua en la ventana no me permitían ver nada aparte de mi reflejo distorsionado en el cristal; tenía mala cara. Abrí las dos hojas del ventanal y asome la cabeza, que quedó empapada en pocos instantes. El frío de la noche y el agua en el rostro me acabaron de despejar, lo había conseguido, ya estaba totalmente desvelado. Del mar sólo se vislumbraba la blancura violenta de la espuma contra el fondo negro de las tinieblas. De vez en cuando se adivinaba la línea del horizonte a la luz de los relámpagos lejanos.


© del texto JAVIER VALLS BORJA

junio 2006

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© de la fotografía nicassaurusrex (fuente: flickr)
publicado bajo una licencia Creative Commons

Nunca leo los libros si he de hacer la crítica: somos tan influenciables...


OSCAR WILDE

CROAC 2/20


© de la fotografía cláudia gabriela marques vieira (fuente: flickr)
publicado bajo una licencia Creative Commons

Los truenos no habían dado tregua al silencio nocturno, truenos de esos desgarradores, de los que te despiertan si has tenido la fortuna de haberte podido dormir, de los que no te dejan dormir si todavía estás despierto. Las olas embravecidas por el temporal castigaban los guijarros de la playa una y otra vez, brooooomm, una y otra vez, brooooomm, una y otra vez, brooooommm...

Desde hacía una semana, las ranas de las pozas que se formaban en la desembocadura del río estaban eufóricas, no dejaban de croar en todo el día, ni en toda la noche, simplemente, no dejaban de croar. No sé cómo alguna vez llegué a pensar que me resultaba grato ese ruido horrísono.


© del texto JAVIER VALLS BORJA
junio 2006

 
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